C70: Es peor que un perro.
Aquella primera noche fue marcada por un ritual de preparación. La llevaron a bañarse, la vistieron de manera decente, sin lujos ni adornos que pudieran destacar, simplemente lo suficiente para que se presentara ante Milord.
Azucena no comprendía qué intenciones tenía él, y tampoco podía anticipar la brutalidad de lo que le esperaba. Cuando la condujeron a la alcoba del Alfa, Milord no intentó cortejarla ni persuadirla, sino que la tomó sin consideración. Su naturaleza de Alfa era abrumadora, y ningún esfuerzo de Azucena podía contrarrestarla. Desde ese momento, cada noche se convirtió en un ciclo de humillación y sometimiento, donde el dolor y la impotencia eran constantes, y la dignidad de Azucena se desvanecía lentamente.
Milord no era exclusivo en sus abusos; tenía otras amantes, tanto lobas como elfas. Sin embargo, no compartían la intensidad de sufrimiento que Azucena experimentaba. Las elfas, esclavas sin poder, y las lobas subordinadas, también recibían un trato duro y humilla