Azucena volvió a hacer caso omiso, consciente de que enfrentarlas resultaba completamente inútil; no tenía poder ni autoridad para imponerse sobre aquellas hembras que la acechaban con crueldad. Lo único que podía hacer era permanecer en silencio, dejar que se desahogaran con sus palabras, que la humillaran a su antojo y que proyectaran sobre ella toda su malicia.
Aquellos insultos no lograban atravesarla realmente, porque ya había soportado abusos mucho más atroces a manos de Milord, y compara