C69: No quiero que me vea con asco.
Azucena apartó la vista y soltó su mano, siendo incapaz de sostener los ojos de Askeladd, y un estremecimiento recorrió su cuerpo al escuchar aquella exigencia tan directa.
—Mi señor… yo no quisiera hablar de eso. No quiero traer a la luz recuerdos tan espantosos. Son hechos terribles y humillantes, los cuales me han marcado. Me duele hablar de ello, y más aún, me apena que usted tenga que escucharlo. No quiero que me vea con... con asco, no quiero que su opinión hacia mí se manche por lo que me obligaron a vivir. Me dolería profundamente que llegara a mirarme con repulsión.
Askeladd permaneció imperturbable durante unos instantes, contemplándola en silencio.
—Azucena, obedéceme. No eres tú quien decidirá lo que debo sentir.
Azucena se encogió un poco, sintiendo que cada fibra de su ser se rehusaba a hablar. La idea de revivir aquellos momentos era insoportable. Las memorias eran heridas aún abiertas, y cada recuerdo estaba impregnado de dolor y de una vergüenza que le quemaba la pi