C24: Si yo lo pienso así, es porque así será.
Askeladd, con su expresión imperturbable, no apartó los ojos del libro que hojeaba.
—Ragnar —pronunció—. Sabes que odio los rodeos.
Ese breve comentario bastó para que Ragnar entendiera que no debía andarse con preámbulos. Entonces, tragó saliva y se obligó a responder con franqueza.
—Gran Alfa… si esa hembra es realmente la loba roja, no puede quedarse aquí.
Fue entonces cuando Askeladd levantó lentamente la mirada del libro y la incrustó en Ragnar, y aunque no pronunció ni una sílaba, Ragnar