C23: Escuché que se trata de la Loba Roja.
Después de que alguien tratara las heridas de Azucena, Askeladd se retiró a su estudio, cerrando la puerta tras de sí para asegurarse de no ser interrumpido. Sabía exactamente qué buscaba, y por eso se dirigió a uno de los estantes más altos, donde guardaba los textos más antiguos y raros de su colección. Tomó un libro grueso, encuadernado en cuero desgastado, con páginas amarillentas por el tiempo y un olor a polvo y humedad que evidenciaba que hacía décadas nadie lo había abierto.
Lo abrió co