Mientras tanto, en la alcoba se estaba desatando una lucha desesperada. Azucena tenía claro que no era más fuerte que un lobo Delta; su cuerpo, frágil en comparación con la fuerza bruta de aquellos lobos, no podía competir en igualdad.
Sin embargo, lo que le faltaba en poder físico lo compensaba con una determinación feroz, forjada en años de dolor y sometimiento. Había pasado demasiado tiempo siendo obligada a convivir con quien no amaba, demasiado tiempo tragando humillaciones, y ahora, frent