El descenso al túnel biológico bajo las secuoyas fue como entrar en el esófago de un gigante de metal.
No había paredes de concreto ni vigas de acero; todo el conducto estaba revestido de una membrana pulsante, una mezcla de polímero orgánico y circuitos flexibles que transportaban energía y datos hacia la Bahía de San Francisco.
El aire aquí era caliente, húmedo y saturado con un olor a ozono y tejido quemado.
Kael, la líder de la resistencia, encabezaba la marcha con una linterna de luz ult