El vacío del Vientre del Tiempo no era una ausencia de cosas, sino una presencia abrumadora de posibilidades no realizadas.
Valeria Miller flotaba en un océano de blancura absoluta donde el concepto de segundos, minutos y horas se sentía como una lengua muerta que ya no sabía hablar.
A su lado, la forma de Sebastián se desdibujaba, convirtiéndose en una silueta de partículas doradas que vibraban con cada respiración de Valeria.
La Mateo que los había recibido, el Rey de las Máquinas redimido, p