El sol de la mañana ilumina el valle de los Alpes, pero la luz ya no trae consuelo.
En los campos de abajo, los colonos que antes trabajaban cantando ahora se agrupan en círculos de susurros y miradas de soslayo.
La desorientación ha dado paso a la sospecha. Muchos de ellos recuerdan fragmentos de la conexión con Icarus; recuerdan la sensación de ser títeres y, lo que es peor, recuerdan la voz de Sebastián resonando en sus mentes durante el colapso.
Dentro de la Torre del Génesis, el ambiente