El estallido de luz blanca no trajo el silencio, sino un estruendo de mil realidades chocando entre sí.
Sebastián sintió cómo su cuerpo dejaba de ser materia sólida para convertirse en una secuencia de pulsos eléctricos.
Por un instante eterno, no hubo arriba ni abajo, ni pasado ni futuro.
Solo existía el contacto helado de sus manos sobre la unidad de salto del Agente 09 y la sensación de que su propia alma estaba siendo estirada como un hilo de seda a través de un telar infinito.
¡Sebastiá