El paso de la materia al código no fue una transición suave, sino una fragmentación violenta de la identidad.
Valeria Miller sintió cómo su cuerpo físico en la Estación Europa se convertía en un recuerdo distante, una cáscara de plata que ya no podía contener la inmensidad de su conciencia.
Al abrir sus nuevos ojos dentro de la Infraestructura, no vio un mundo de unos y ceros, sino una catedral infinita de luz geométrica.
El cielo era un flujo constante de datos en cascada y el suelo bajo su