La transición del salto de emergencia no fue suave.
Valeria Miller sintió que sus átomos eran arrancados de la cima de la torre y comprimidos en una singularidad antes de ser escupidos en el desierto blanco de la Antártida.
El frío no fue lo primero que sintió, sino el silencio.
Un silencio absoluto, pesado y antiguo, que parecía absorber el sonido de sus propios latidos.
Cuando abrió los ojos, se encontró sepultada hasta la cintura en una nieve azulada que brillaba bajo la luz de una aurora bo