El transbordador Ícaro vibraba bajo una presión que desafiaba todas las leyes de la ingeniería humana.
El espacio entre Marte y el Cinturón de Asteroides se había convertido en un campo de minas gravitatorias.
Detrás de ellos, Marte desaparecía envuelto por los tentáculos de la entidad medusa, una imagen que Valeria Miller intentaba borrar de su mente sin éxito.
Frente a ellos, la inmensidad de Júpiter crecía como un ojo colosal que todo lo veía, una esfera de gas y furia que prometía refugi