Dejar atrás San Francisco fue una mezcla de alivio y pavor. Mientras el grupo descendía por la autopista 101 hacia el sur, el paisaje cambiaba drásticamente.
Silicon Valley, una vez el epicentro de la innovación mundial, se había convertido en un osario de cristal y silicio bajo el mandato de Némesis.
Aquí, los edificios de las grandes corporaciones no estaban destruidos, sino "optimizados": estructuras envueltas en nidos de cables negros que recordaban a inmensos pulmones mecánicos.
La señal