El zumbido de la cápsula de regeneración era el único sonido pacífico en medio de la tormenta que se desataba fuera del laboratorio.
Dentro del cilindro de cristal, Mateo flotaba en un fluido esmeralda, rodeado de millones de nanobots médicos que trabajaban frenéticamente para deshacer la integración metálica de sus tejidos.
Por fuera, las alarmas rojas parpadeaban, marcando el ritmo del asedio.
El proceso de regeneración está al doce por ciento anunció Ricardo, con los dedos volando sobre el