La atmósfera en la cima de la Torre de Obsidiana se había transformado en un campo de batalla cuántico antes de que se disparara el primer proyectil.
Valeria Miller, ahora investida con la armadura de escamas de estrellas de los Tejedores, emanaba una frialdad que congelaba el aire a su alrededor.
Sus ojos, orbes de un blanco absoluto, ya no veían a Mateo como el niño que acunaba en sus brazos, sino como una anomalía estructural que amenazaba el tejido del multiverso.
A su lado, Lucas, el hi