Valeria entró corriendo en la habitación de Mateo, con el corazón martilleando contra sus costillas. Encontró al pequeño sentado en el suelo, con la tableta arrojada a un lado y lágrimas rodando por sus mejillas. Nunca había visto a su hijo tan vulnerable; Mateo era un niño que desafiaba al mundo con una sonrisa inteligente, no uno que se encogía de miedo.
¡Mateo! ¿Qué pasó, mi vida? Valeria lo rodeó con sus brazos, sintiendo cómo el cuerpo del niño temblaba.
Mamá... un hombre en el chat del ju