El horizonte de Hong Kong se alzaba ante Valeria Miller como un ejército de gigantes de cristal y acero, reflejando las luces de neón en las aguas oscuras del puerto Victoria.
Al descender del jet privado, el aire húmedo y cargado de la metrópoli asiática la recibió con una intensidad que contrastaba con la fría elegancia de Londres.
Valeria no venía a Asia como una turista, sino como la dueña de Montes Group, dispuesta a clavar su bandera en el mercado más competitivo del mundo.
A su lado,