La noche del sábado en Madrid cayó con una suavidad como terciopelo, pero dentro de la oficina de Valeria, el ambiente seguía lleno de actividad intensa. Valeria estaba decidida a revisar cada contrato de logística antes de la gran gala, ignorando deliberadamente que su cuerpo pedía descanso.
Sebastián, cumpliendo su rol como asistente, seguía llevándole una carpeta tras otra de documentos, aunque sus ojos miraban constantemente el reloj. Sabía que a las ocho en punto, el plan de Mateo entraría