La víspera de la boda de oro de la Phoenix no se sentía como una preparación para un evento social, sino como la vigilia de una nueva vida.
En la residencia Miller en Madrid, el ajetreo de los floristas y organizadores de eventos quedaba silenciado por la atmósfera sagrada que se respiraba en las habitaciones privadas.
Valeria Miller estaba de pie frente a su espejo, observando su vestido de novia, una obra maestra de seda blanca y encaje que no buscaba la ostentación, sino la pureza de un nu