El cielo de Madrid se tiñó de un azul cobalto profundo mientras las luces de la catedral de la Almudena iluminaban la noche más esperada de la década.
No era solo una boda; era la coronación de una mujer que había regresado de las cenizas de la traición para gobernar un imperio.
Los invitados, una mezcla de la vieja aristocracia que una vez la despreció y los nuevos gigantes tecnológicos que la admiraban, guardaron un silencio sepulcral cuando las puertas de roble se abrieron.
Valeria Miller