El silencio no es el vacío. Es una frecuencia sorda que vibra en los oídos de Sebastián mientras sus sentidos regresan uno a uno.
Lo primero que siente es el frío, pero no el frío artificial de los laboratorios del Vaticano ni el hielo eterno de Siberia. Es el frío de la lluvia real, una lluvia que huele a tierra mojada y a ozono tras una tormenta eléctrica.
Sebastián abre los ojos. Se encuentra tendido sobre el asfalto húmedo de una carretera secundaria.
A su alrededor, la vegetación es espe