Capítulo 74: El Camino de los Renegados
El silencio que siguió a la explosión del pulso electromagnético fue más aterrador que el rugido de las turbinas.
Siberia se sumergió en una oscuridad absoluta, rota únicamente por el resplandor de los restos de la nave imperial que caían como meteoritos sobre la nieve.
Valeria permanecía en la entrada del búnker, con el chip de memoria de Sebastián apretado contra su pecho. Sus dedos aún sentían el calor de la energía ámbar, aunque él ya no estaba físi