El silencio que siguió a la aparición de Sebastián Miller dentro del "Útero de la Realidad" fue más aterrador que el rugido de los "Devoradores de Vacío" que perforaban el hielo sobre sus cabezas.
Valeria Miller se quedó paralizada, con el arma de pulsos colgando de su mano inerte.
El hombre frente a ella no vestía la armadura tecnológica de los "Tejedores" ni la túnica de seda del "Arquitecto".
Llevaba una bata de laboratorio gastada, manchada de café y tinta, y sus ojos reflejaban una fatiga