Kael
La luz del amanecer se filtraba por las estrechas ventanas de la torre oeste mientras yo observaba a Auren estudiar los mapas desplegados sobre la mesa. Sus dedos, delgados pero firmes, trazaban rutas entre las fronteras de nuestros reinos con una precisión que me sorprendía. Llevaba el cabello recogido en una trenza simple que caía sobre su hombro izquierdo, y su rostro mostraba una concentración absoluta.
—Si las tropas de mi padre avanzan por el valle de Eriden, vuestros hombres quedará