Los años no solo envejecían a las personas; también envejecían a la tierra, pero de una manera diferente. Mientras que los humanos se volvían más frágiles, la tierra se volvía más sabia, más resistente, acumulando capas de historia como anillos en el tronco de un árbol.
Lucas Vargas tenía ahora sesenta años. Su cabello era blanco como el de Alejandro al final, y caminaba con una ligera cojera, herencia de una caída en la bodega hacía una década. Pero sus ojos azules seguían siendo claros y pene