El hospital olía a desinfectante y a café quemado, un olor que a Lucas le traía demasiados recuerdos de salas de espera y noticias que cambiaban la vida. Estaba sentado junto a la cama de Alex, viendo dormir a su hijo. El yeso blanco cubría la pierna de Alex desde el tobillo hasta el muslo, una armadura rígida que contrastaba con la vulnerabilidad de su rostro dormido.
Lucía dormitaba en un sillón plegable en la esquina, agotada.
Lucas no podía dormir. El libro negro le quemaba en la mente. *Ca