El invierno había descendido sobre la Hacienda Vargas con una suavidad inusual ese año. Las heladas matutinas cubrían las vides desnudas con un manto de cristal que brillaba bajo el sol pálido de diciembre, y el humo de las chimeneas se elevaba recto hacia el cielo azul acero, marcando el ritmo lento y pausado de la estación de descanso.
Para Elena, sin embargo, el descanso era un concepto que todavía le costaba asimilar. Después de la vorágine legal que siguió al arresto de Victoria Santi, la