Capítulo 27.
Armando
El tiempo se me escapa entre los dedos. Cada minuto que pasa es un golpe directo en el pecho, una herida que no deja de sangrar. El rugido del helicóptero sobrevuela la zona, las hélices cortan el aire como cuchillas, pero en mi mente solo resuena un nombre: Valeria.
No me perdonaría si algo le ocurre. No a ella. No después de todo lo que hemos vivido, de lo que me atreví a sentir y que me niego a callar.
Cuando aterrizamos en las afueras de la casa abandonada, mis hombres se desplegaro