Capítulo 26.
Armando
Bajé del jet con la misma sensación que me había acompañado las últimas horas: un cuchillo enterrado en el estómago. No dormí ni un segundo en el vuelo. Le había ordenado al piloto que volara lo más rápido posible; la idea de que Valeria corriera un riesgo sin mí cerca era una tortura que no podía permitirme.
El aire húmedo de la pista me golpeó de frente, pero lo que me sofocaba no era el clima: era la ansiedad. Cada paso hacia el vehículo que me esperaba era un recordatorio de que no