El taller de perfumería de la mansión Knight estaba iluminado por la luz tenue de la tarde, que se filtraba a través de los frascos de vidrio y las esencias que descansaban sobre la mesa de trabajo. Había pasado una semana desde que Alessandro había regalado su pequeño frasco de esencia plateada, y esa mañana, mientras los niños jugaban en el jardín, decidí que era momento de terminar lo que había comenzado.
El perfume eterno.
Tomé el frasco que había estado preparando y lo sostuve contra la lu