El frío del mármol en el baño de damas no lograba enfriar el fuego que me quemaba el pecho, me apoyé contra el lavabo, sintiendo cómo el agua helada de la canilla corría entre mis dedos sin que yo pudiera reaccionar, mis manos temblaban de rabia, de horror, una profunda sensación de impotencia que amenazaba con asfixiarme.Lysandra.Mi mejor amiga, la persona a la que le lloré en el hombro al regresar de aquel crucero, la que sostuvo mi mano cuando le confesé, entre lágrimas, que me había entregado a un desconocido de ojos verdes.Le conté todo, cada detalle, cada caricia, incluso el lunar de estrella de tres puntas en el costado derecho de Rowan. Y ella me lo había robado, me había robado la vida, claro por eso desapareció de la noche a la mañana hace cinco años, justo después de que yo regresará de aquel crucero con el alma rota y el cuerpo cambiado.En aquel entonces, sumida en la pobreza, el cansancio y el shock absoluto de enterarme de mi embarazo, no tuve las fuerzas ni la clari
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