Luna Eva volvió a casa dos semanas después de nacer, con un peso que ya se acercaba a lo normal y un certificado médico que declaraba, por fin, que podíamos respirar tranquilos.
—Bienvenida a casa, pequeña —susurró Beatriz, meciéndola apenas la cruzamos por la puerta principal, con lágrimas que no intentó disimular—. Esta casa llevaba esperándote más tiempo del que te imaginas.
Los primeros días transcurrieron entre pañales, noches cortadas y una ternura constante que se instaló en cada rincón