Génesis
No está solo en mí.
La frase de Helena sigue retumbándome en la cabeza incluso después de que cruzo la puerta de la habitación contigua y veo a mi hijo entre las mantas oscuras, moviéndose con una inquietud que me aprieta el pecho.
Cassian llega a mi lado al mismo tiempo.
Helena aparta apenas la tela que cubre el pequeño torso del bebé, y ahí está.
Sobre la piel blanca, tenue pero visible, latiendo bajo la luz como una herida de luna, la misma media luna atravesada por una línea.
La mar