Genesis
Todas viven en mí.
Y ninguna volvió a pedir permiso.
A veces salgo al bosque sola, muy temprano, cuando la neblina todavía duerme sobre la tierra y los pájaros no se han atrevido a romper el silencio. Camino hasta la laguna negra donde una vez soñé con una niña que se parecía a mi hijo. Me siento en la orilla y dejo que el agua me devuelva el rostro que tengo ahora.
Ya no queda casi nada de la mujer enferma que aceptó la muerte resignada.
Queda otra.
Una que vio cómo le arrancaban hijos