Génesis
Hay días en los que todavía me despierto esperando oír a Klaus llorar en la cuna y a Lilith caminar descalza por la habitación como una sombra pequeña, silenciosa y demasiado despierta para su edad.
Pero abro los ojos, y ya no hay cuna.
Ya no hay mantas diminutas ni juguetes de madera tirados junto al fuego.
Ahora hay un castillo que respira en paz, una reina que aprendió a sostener su corona sin bajar la cabeza ante nadie y dos hijos que crecieron tan rápido como el destino prometió… a