Sofía
Hay un momento exacto en el que sabes que estás jodida. No por miedo. Ni siquiera por orgullo. Sino porque tu corazón se rindió mucho antes de que tu mente pudiera encontrar la salida de emergencia.
Ese momento llegó para mí esta mañana.
Desperté entre sus brazos, con el pecho pegado a su piel caliente y su respiración lenta acariciándome la nuca. Alexander. Misterio con mandíbula afilada. Humo con manos de fuego.
Y yo, tan estúpidamente atrapada.
¿Esto era solo atracción?
No.
No después