Alexander
Las viejas heridas no siempre sangran. Algunas se quedan ahí, cerradas a medias, esperando el momento perfecto para supurar veneno.
La llamada llegó a las 3:17 a. m.
Siempre a esa hora.
Siempre lo inesperado.
—¿Alexander Devereux? —La voz era suave. Femenina. Demasiado tranquila para lo que decía—. Ha llegado el momento. El pasado siempre vuelve. Y esta vez... quiere hablar contigo. O con ella.
Silencio.
Solo ese maldito zumbido en el oído.
Y el recuerdo de su rostro.
De ella.
Col