Alexander
El infierno tiene su propio idioma. Y lo peor es que lo hablo con fluidez cuando estoy dormido.
Me despierto empapado en sudor, con el pecho ardiendo y la boca seca como el desierto. Otra maldita pesadilla. Otro maldito recuerdo.
Me siento en la cama con los codos apoyados en las rodillas y las manos en la nuca. Respiro, como si pudiera sacar el veneno de mi pecho a través de los pulmones. Pero sigue ahí. Incrustado. Podrido. Vivo.
La habitación está en penumbras, iluminada por la déb