Alexander
Hay reglas.
Y luego está Sofía.
Mis reglas no son muchas, pero son de hierro. Inquebrantables. He vivido por ellas, las he pulido con disciplina quirúrgica, y me han convertido en el hombre que todos temen y respetan. No mezclar lo personal con lo profesional. No involucrarse emocionalmente. No permitir debilidades.
Y sin embargo, hoy he hecho una reserva para dos en un restaurante italiano fuera de la oficina.
Con ella.
Porque después de anoche, después de ese maldito y perfecto mome