Sofía
Alexander Blackwood me está mirando como si acabara de darme cuenta de que tengo una bomba en el bolso. No una bomba literal, claro, pero sí algo igual de peligroso: yo misma.
Y no es solo que me mire distinto. Es que se siente distinto.
Hace dos días en la cena benéfica, me sacó del salón con una intensidad que todavía me hace hervir la piel. Me confesó algo que partió en dos mi idea de quién era. Su pasado. Su dolor. Y después de eso… no huyó. No retrocedió. No hizo lo que hace siempre