Julian se quedó mirando el reloj. Las 14:00. El silencio de su oficina, antes su refugio, ahora se sentía como una tumba. Tomó el cactus "Pinchos" entre sus manos, ignorando que las espinas le pinchaban las palmas.
“Te da miedo lo que no puedes medir”, le había dicho Clara.
De repente, Julian soltó el cactus y se lanzó sobre su mesa de dibujo. No empezó a borrar; empezó a crear. Abrió el software de modelado estructural y cargó los planos originales de la torre. Sus dedos volaban sobre el tecla