Seis meses después.
El edificio Vance ya no era conocido en la ciudad como "el búnker de cristal". Ahora, las revistas de arquitectura lo llamaban "El Pulmón de Acero". Desde la calle, se podían ver enredaderas cayendo en cascada por los balcones y árboles asomando desde la azotea, desafiando la gravedad y el gris del asfalto.
En el vestíbulo, el cambio era total. El mármol blanco seguía allí, pero ahora servía de marco para un ecosistema vibrante. Los clientes ya no entraban con miedo, sino qu