Cinco meses después de la revelación en el club Eclipse, la ciudad había olvidado en parte el escándalo, pero para mí, cada día era un recordatorio de lo que había vivido. La boutique Elena florecía en el corazón del Oesteburgo, sus vitrinas llenas de prendas de diseñadores jóvenes y sostenibles, atrayendo a clientes que buscaban estilo con propósito. La fundación en memoria de mi abuela, Pulsera de Platino, había ayudado a más de cincuenta mujeres víctimas de estafa y traición, brindándoles as