El sol comenzó a ocultarse detrás de las Montañas del Alba Rojo, pintando el cielo de tonos rojizos y dorados que daban nombre a la manada. El salón principal había sido preparado con esmero: velas blancas iluminaban el espacio con una luz suave, un círculo de piedras sagradas de colores diferentes marcaba el centro de la habitación, y los aromas de romero, lavanda y salvia llenaban el aire.
Cinnia llegó acompañada de Mireya y el doctor Efrén. Vestía una túnica de tela blanca que caía hasta sus