Recuperarse después de entregar parte de tu alma es… complicado.
No hay una lista de pasos. No hay pociones mágicas.
Solo el vacío. La espera. Y esa maldita sensación de que ya no eres exactamente tú.
Kian no se ha separado de mí ni un segundo desde el ataque.
Insiste en hacer todo él: traerme comida, masajearme las piernas cuando duelen por las descargas, vigilar mi respiración cuando duermo como si temiera que en cualquier momento se detenga.
Y lo peor es que parte de mí también lo teme.
Pero