El rugido de las trompetas rompió la quietud de la noche como un grito desgarrador. Desde el horizonte oscuro, miles de figuras emergían, sombras afiladas que avanzaban con la ferocidad de la tormenta. Las tropas de Elarian estaban aquí. La última guerra había comenzado.
No había lugar para el miedo, solo para la determinación. Mi pecho ardía con un fuego que nunca antes había sentido, un fuego lunar que quemaba con intensidad y claridad, guiándome. Kian estaba a mi lado, su mirada clavada en e