Zoe y Arthur caminaron hacia el estacionamiento en silencio.
—¿Tienes alguna preferencia sobre a dónde ir? —preguntó Arthur con voz serena, aunque cargada de una tensión contenida.
Zoe dudó. Sus ojos recorrieron el amplio estacionamiento del pabellón, como si buscaran una salida invisible. Respiró hondo antes de responder, con un tono neutro:
—Mientras sea un lugar tranquilo… no.
Arthur asintió con un leve movimiento de cabeza. No añadió nada. Giró su silla de ruedas hacia el coche adaptado que