Celina respondió con dificultad; la presión en su cabeza era insoportable.
—Me siento muy mal... mi cabeza va a explotar...
—Amor, siéntate aquí. Vamos a ver cómo está tu presión —dijo Thor, ayudándola a sentarse en el sillón.
Tomó el tensiómetro y, con las manos firmes —aunque por dentro el pánico lo consumía—, midió la presión de su esposa.
El visor parpadeó y luego aparecieron los números.
—Mierda… dieciséis por diez... —pensó, angustiado.
Lo comprobó tres veces. El resultado era el mismo. A