Me avergüenza contarte esto, porque siempre quise criarte con principios y rectitud. Pero esta es mi historia. Y, hija mía, me arrepentí. Cambié de vida.
Tomé todo el dinero que había estado guardando para mi vejez, pedí licencia en el hospital y huí contigo hacia el sur de los Estados Unidos. Nos quedamos un tiempo en Carolina del Sur, hasta tener listos todos los documentos. Gregory se encargó de todo; obtuve una nueva identidad.
Unos meses después, dejé el país. Me fui a Brasil. Estaba lo su